Los científicos descubren cómo utilizar menos plástico

El laboratorio se encuentra en el habitual y bullicioso ambiente de trabajo. Hay un gran contenedor amarillo que casi rebosa de envases de plástico usados: envases desechables, pipetas, tubos de ensayo. Y eso es sólo por hoy.

Estamos en el Instituto Francis Crick, que es un importante centro de investigación biomédica en Londres. Frente a nosotros está Marta Rodríguez Martínez, una becaria postdoctoral, una investigadora. Cada día, su laboratorio utiliza pipetas, placas de Petri, frascos y contenedores desechables. La magnitud de los residuos es enorme: una investigación de la Universidad de Exeter muestra que los laboratorios de todo el mundo producen alrededor de 5,5 millones de toneladas de residuos plásticos al año.

Paralelamente a esta investigación, Rodríguez Martínez trabaja incansablemente para reducir los residuos de plástico, al menos en su laboratorio. También insta a sus colegas a dejar de usar tanto plástico y les muestra alternativas. Junto con otros colegas que comparten sus puntos de vista, Rodríguez Martínez está llevando a cabo seminarios de formación para otros investigadores sobre el uso eficiente del plástico. También se está desarrollando un panel interactivo para que los equipos científicos puedan ver la relación de sus residuos plásticos con los de otros laboratorios.

Pero los cambios en el consumo de plástico son sólo el principio. Rodrigo Ponce-Ortucho supervisa el trabajo de gestión de residuos de la empresa. Señala que la distribución del plástico usado se extiende mucho más allá del laboratorio.

Por ejemplo, los frascos de medios, que son recipientes de plástico que contienen nutrientes para el cultivo de células y bacterias. El líquido es glucosa, y no es perjudicial para el medio ambiente en sí. Pero, según su experiencia, las empresas de reciclaje son reticentes a aceptar este plástico porque desconfían del etiquetado. Incluso en relación con este tipo de envases por sí solos, el problema es enorme. Un científico utiliza una media de cuatro de estas botellas al día. Y hay más de 1.000 científicos en total que utilizan estas botellas en su trabajo cada día. Y si hubiera un contratista para reciclar al menos esta cantidad de plástico, ya habría menos daño a la naturaleza.

Los laboratorios como el de Crick no llevan los residuos de plástico al vertedero. Se incineran de forma segura, y todo lo que no puede eliminarse de esta forma se recicla para convertirlo en energía.

El instituto celebró recientemente una feria de contratación ecológica: sólo participaron en la licitación los proveedores que ofrecen envases de plástico reciclado.

El equipo de científicos sabe que el cambio no se producirá de la noche a la mañana. Pero si se trabaja metódicamente para reducir el uso del plástico, el resultado será definitivamente positivo.

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